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Historias de natación en tiempos de la COVID-19

El cuerpo humano tiene unos 630 músculos y todos se activan cuando decides nadar. Te conviertes – a tu nivel, a tu ritmo- en una máquina. Pero además de mover el cuerpo, para algunos la natación les enciende dos cosas: el corazón, que les dice que no paren y el cerebro, que les dice que lo pueden conseguir. También ejercitas el alma. Pero cuando te lo quitan, te roban un pedacito de tu vida…

La COVID-19 les ha hecho eso a miles de entrenadores, dueños de albercas, señores de la tercera edad, niños con condiciones especiales… a todos. El agua es una opción para mantenerse saludables, y para algunos, es más que eso, es un motivo para que estén todavía aquí, con nosotros.

Hoy y mañana gracias a las historias que nos aporta la Agrupación Nacional de Escuelas de Natación (ANEN) presentaremos en El Míster dos artículos para entender el impacto del nuevo coronavirus y la nueva normalidad en la industria de las escuelas de natación.

¿Qué pasa por la cabeza de los empresarios?, ¿por qué es importante que una persona que tiene problemas físicos no deje de hacer su terapia?, ¿cuántos más podrán resistir en su cabeza esta pesadilla?

Juan Carlos de la Fuente, director de Interaqua, lo dice con orgullo“Tenemos 57 canciones que hemos creado para bebés y niños”. Lean esto y mueran de ternura:

  • Canción para cuando están felices.
  • Canción para cuando están enojados.
  • Canción para el apego a los papás.
  • Canciones para la separación de lo colores.
  • Y siguen…

Todo va bien hasta que le pregunto: ¿qué ha pasado por tu mente todo este tiempo, cómo manejas el estrés, la presión o hasta la depresión?

Y entonces Juan Carlos hace una pausa, no lo escucho, pienso que se ha perdido la comunicación; pero no, se le quiebra la voz y tú y yo sabemos que cuando eso pasa es como si también se te quebrara un cachito del alma.

He sentido miedo, no sabes qué hacer, sientes que no cumples y hay veces, hay días que te dices que lo mejor es cerrar todo y me busco trabajo de otra cosa… no sé.

La mamá de Juan Carlos se llama Maye González y para entender por qué se quebró en el teléfono hay que decir que el próximo 3 de septiembre cumplirán 46 años de la primera clase de natación que dio la familia. El agua es su vida.

Interaqua están especializados en la educación acuática para bebés. Y aunque claro, es un negocio, Juan Carlos dice que hay historias que hacen que tu corazón se haga como una pasita. Como la del niño que días después de nacido llegó con un derrame cerebral, los médicos no eran optimistas y ahora compite a nivel estatal, camina y gana premios en su escuela.

La COVID 19 ha puesto en jaque proyectos de vida y también ha puesto a muchas personas contra las cuerdas. “¿A dónde va mi vida?”, esa pregunta le ha rondado muchas veces a Juan Carlos. Pero no. Rendirse no. No lo hará. Al menos eso dice.

Adriana tomó la pistola de su papá y se apuntó en la cabeza. “No sé si me crean o no, pero yo escuché una voz que me dijo, ‘esa vida no es tuya’”. Y no se mató. A María Elena, su madre, le diagnosticaron cáncer en los huesos. Y vive. La natación, de una u otra forma, les da motivo para seguir.

Su vida no ha sido fácil. Cuando Adriana tenía unos 18 o 19 años su papá los abandonó. A María Elena su propio esposo “le aventó el coche”. Eso, dice su hija, le provocó la diabetes y todas las enfermedades.

Cuando tenía 68 los médicos le dijeron que no volvería a caminar por la condición de sus huesos. Para todo usaba la silla de ruedas y cuatro años después de ir a su escuela de natación, Aqua Learning, María Elena es capaz de ir y venir de su casa a las clases. Claro, le lleva tiempo, pero logra.

Ya estoy ciega (perdió el 50% de su vista), ya no veo, pero aún así no me detengo para ir a nadar. Mi hija me acompaña y he ido con los doctores para decirles que no estoy muerta, que sigo viva después de cuatro años gracias a la natación.

María Elena.

Adriana se dedica en cuerpo y alma a su mamá. “Yo lo decidí”, dice. “Abandoné mi vida privada para enfocarme a ella, que esté feliz, contenta. Cuando no me morí sabía que tenía que cumplir una misión y ahora me doy cuenta que es cuidar a mi madre”.

La COVID le impide seguir ejercitándose a María Elena, aunque tiene la esperanza que todo (pronto) regrese a la normalidad. “Yo haré todo lo posible siempre, a ver cómo le hago pero ella siempre irá a sus clases de natación”, dice su hija.

Un estudio del National Center for Biotechnology Information documenta que nadar, al igual que otros ejercicios, reduce los síntomas de la ansiedad y la depresión. O como nosotros decimos: ‘Cuando te toca, ni aunque te quites, y cuando no te toca, ni aunque te pongas’. Bueno pues esta historia es más o menos así.

-¿Y qué sentiste ver a tu hijo nadar en Panamá? Le pregunto a Rita

-Jamás pensé que me pudiera dar una satisfacción de tal magnitud, fue una lección de carácter, de fortaleza y de vivir.

Eso sucedió hace ocho años cuando por primera vez Jorge Luis salía del país para competir y representar a México en las Olimpiadas Especiales. Hoy –gracias a sus entrenamientos y rutinas en Lake Sport– ha ganado competencias nacionales e internacionales, ha participado en Mundiales de Natación, tiene varias medallas de oro colgadas en casa.

Jorge Luis tiene Síndrome de Down. “La natación le ha hecho sentirse integrado, pero sobre todo no se siente diferente ni menos, se siente como todos y por eso tiene muchas ambiciones, quiere entrar a la preparatoria y claro, junto con su padre, haremos todo lo posible por darle lo mejor” dice Rita.

Pero para que Jorge Luis tuviera más oportunidades tuvieron que pasar varios tragos amargos. A veces en algunos lugares no lo aceptaban por su condición, no es porque no quisieran, no sabían tratarlo y convivir con alguien de sus características. Pero si hablamos del espíritu guerrero de él, mucho viene del ADN que ha heredado sus padres.

Lo que inició como una actividad física para ayudarle a mejorar su capacidad motriz, se convirtió en un reto competitivo. Primero nadando con timidez y luego incluso ganando a nadadores convencionales.

“Muchos chicos como mi hijo son deportistas de alto rendimiento, hemos ido con Conade pero nos dicen que no lo son y que ellos no merecen lo mismo que tienen otros deportistas aunque representen a México. No les dan estímulos, pero en la Constitución Mexicana no habla de mexicanos de primera o de segunda, es una lucha constante que sean reconocidos, valorados” dice Rita.

Cuando decides no rendirte puedes estar ciego, no caminar, los diagnósticos médicos en contra, tener capacidades diferentes, te pueden decir una y mil veces que mejor no lo hagas, pero si tienes voluntad todo (o casi todo) lo puedes conseguir. En la natación es algo similar porque te estimula dos músculos que nunca te harán parar: el corazón y el cerebro.

Nadar, unas ‘simples clases’ te dan esperanza y eso, en estos tiempos, es oro molido.

Fuente

elmister.info